Que La Noria produzca unas de las verduras y hortalizas más demandadas por particulares y restaurantes de toda España, no es casualidad. Tiene mucho que ver Buñuel, a 15 kilómetros de Tudela, una buena tierra, rica y generosa, en el corazón de la Ribera de Navarra, con un clima propicio y mucha gente sabia que lleva generaciones cultivando algunos de los más sabrosos regalos de la naturaleza. Tudela es famosa por sus alcachofas, por sus cogollos, por sus pimientos del piquillo, por su cebolla porrona, y por sus espárragos, claro, únicos en el mundo. Pero en el caso de La Noria tiene también mucho que ver Eufrasia, la bisabuela Eufrasia.

Ella fue quien puso en regadío estas tierras hace más de cien años ya, en 1914, y empezó a sembrar un saber hacer, una pasión por la tierra y por la naturaleza, por las cosas hechas con mimo y honestidad, que ha continuado dando sus frutos generación tras generación hasta hoy. Eufrasia tuvo seis hijos, y después de su muerte la finca se dividió en seis partes. Unos se quedaron, otros vendieron. La abuela de Carlos no sólo se quedó, sino que fue recuperando las tierras y ampliando su parte, labor que continuó el padre de Carlos y, desde hace unos años, también Carlos, hermano mayor de siete, que tiene la encomienda de recuperar todas las tierras de la bisabuela Eufrasia. Por ahora, ya cuenta con 150 hectáreas, todas ellas 100% agricultura ecológica.Carlos vive en, para y por La Noria. La gran casa de la finca –que parece más un pequeño pueblo- es su casa y también el cuartel general de la empresa familiar. Y de la familia en pleno: punto de encuentro de hermanos, cuñados, sobrinos, tíos que se reúnen allí los fines de semana y en todas las celebraciones importantes. Carlos no llegó a La Noria por casualidad; podríamos decir que estaba en sus genes. Aunque, además de un hombre de campo, es Ingeniero Superior Industrial, tiene un master IESE y fue directivo en Deloitte. Pero desde hace 10 años se dedica al cien por cien a su pasión, que es la huerta, el campo. Y cuenta con la ayuda de su hermana pequeña, Natuca, y de su mujer, Isabel. Para ellos, más que un negocio, es un modo de vida.

 

Agricultura ecológica y autosuficiente

Carlos es un gran defensor de la agricultura ecológica y de la venta directa, sin intermediarios, sin cooperativas ni mercados. Directamente de la tierra al cliente, ya sea particular o restaurante; sirviendo siempre la mejor verdura fresca, recogida en el día, ya sea para un estrella Michelin o para un pequeño restaurante que acaba de empezar, como WallMok. Mimo y honestidad, como le enseñó su bisabuela Eufrasia. Y lo puede hacer porque no trabaja para nadie, ni forma parte de ninguna otra empresa. De hecho, como él mismo dice, ni siquiera es trabajo; es ilusión, es pasión. Por la tierra, por el producto, por la tradición.

 

En La Noria se cultivan siempre productos de temporada y autóctonos de la zona de Tudela, unos 60 al año. Una rica variedad de frutas, verduras y hortalizas con certificado de agricultura ecológica que se cuidan desde el brote hasta la cosecha, sin fertilizantes químicos ni pesticidas, y se comercializan bajo la marca BioTrailla. La finca, además, usa la técnica de Agricultura Biodinámica y funciona con un modelo autosuficiente, aprovechando lo que la naturaleza le da: por ejemplo, las gallinas y ovejas se alimentan de los restos de verduras y generan estiércol que se utiliza para abonar los diferentes cultivos. Aquí se protege la biodiversidad como un valioso tesoro. Incluidos los insectos, como las mariquitas o las crisopas (hadas bonitas), a los que se les construyen unas casitas con comida para que se protejan durante el invierno y cumplan luego su importante función (acabar con el pulgón, por ejemplo). Es lo que se llama “hoteles de insectos”. Se cuidan también mucho los árboles, de todo tipo, para enriquecer esa biodiversidad. La filosofía de Carlos y de Natuca, como lo fue de su bisabuela Eufrasia hace más de cien años, es sencilla: cuidar la naturaleza, no explotarla; aprovechar todo lo que nos da, pero sin aprovecharse de ella. En el mundo rural de esta excepcional región de Tudela queda un mínimo porcentaje de pequeños productores, apenas un 10%, que sigan creyendo en hacer las cosas como antes, con honestidad, en sintonía con la naturaleza, sin artificios, sin procesos. La Noria es una de ellas. Un logro de Carlos y su familia del que la bisabuela Eufrasia estaría muy orgullosa, sin duda. En WallMok, desde luego, lo estamos.

 

Solidaridad por naturaleza

La solidaridad también está en la naturaleza de Carlos y Natuca, como antes lo estuvo en la de sus padres, sus abuelos y su bisabuela. Y en la de sus clientes. Aparte sus aportaciones al Banco de Alimentos, que suman cientos de kilos de verduras y hortalizas frescas al año, La Noria pone a disposición de todo el que quiera aportaciones en forma de “cajas solidarias”. El cliente dona una caja de 5 o 10 kg, que se entrega directamente en casa de una familia necesitada, siguiendo un listado de Cáritas. Muchas de estas cajas las ha preparado y entregado Carlos personalmente, y lo mejor, sin duda, es ver la cara de sorpresa y emoción de quien le abre la puerta y recibe el inesperado regalo. «Es una sensación que no se olvida».