No falla. Llega el verano, o el post verano o la Navidad o da igual qué época del año y nos empezamos a poner nerviosos. Y nos volvemos inseguros con nuestro cuerpo, nuestros hábitos y nuestra alimentación. Es cuando, invariablemente, empezamos a hacer tonterías y a forzarnos a seguir dietas en las que ni siquiera creemos (nos autoconvencemos, pero no nos las acabamos de creer): la vegana, la paleolítica, la crudivegana, la baja en carbohidratos, la rica en no sé qué, la verdirroja, la de la zanahoria, la megaproteínica… En fin, dietas cuyo único efecto, en realidad, es perjudicar nuestra salud, porque nos privan de nutrientes esenciales que necesita nuestro organismo y que sólo obtenemos de la rica variedad que nos proporciona, por ejemplo, una dieta mediterránea. Y es que no se trata de no comer tal cosa, de repudiar tal origen o de fustigarnos con cualquier tendencia pseudonutricional nacida en el extravagante Hollywood o en la imaginación de un ambicioso –y sospechoso- doctor. No, se trata de comer bien. De todo y bien. Punto.

Natural vs ultraprocesado
¿Y qué es comer bien? Pues tan fácil como comer lo más natural y variado posible. No alimentos con la etiqueta “natural” (o sus variantes “healthy”, “light”, 0%, SIN, bio… que son en su mayoría un engañoso y eficaz gancho), sino naturales DE VERDAD. Según nuestro olvidado diccionario, la definición de natural es algo que está «tal y como se halla en la naturaleza, o que no tiene mezcla o elaboración». Si te fijas en la etiqueta posterior de cualquier alimento anunciado como “natural”, te darás cuenta de hasta qué punto muchos de ellos son en realidad procesados o ultraprocesados; esto es, no vienen tal y como se hallan en la naturaleza y, desde luego, sí tienen mezcla y elaboración. Mucha. Estos productos aparentemente sanos en realidad son bastante perjudiciales para la salud. Sólo tienes que mirar la lista de ingredientes, que están ordenados de mayor a menor cantidad: azúcares, sal, aditivos, harinas refinadas, aceites refinados… te darán una pista infalible de que ese alimento es procesado o ultraprocesado. Sobre todo si contiene 5 o más de esos ingredientes.


Más mercado y menos hipermercado

Hemos llegado a tal punto de alimentarnos de comida insana que, para compensar, nos hemos tenido que inventar todas esas corrientes radicales que tampoco son la panacea de la salud, precisamente. Por eso, una vez más, desde Wallmok abogamos por el sentido común y la naturalidad sin estridencias. Y si hay que apostar por una corriente de moda, sin duda apostamos por #realfooding. La comida real. Parece mentira que haya que reivindicar la comida de verdad a estas alturas, pero hasta ahí hemos llegado entre unos (la industria alimentaria) y otros (los defensores de las dietas extremas). Una corriente que nació en las redes sociales (donde tiene cientos de miles de seguidores) que no te obliga a comer nada y puedes comer de todo (lo bueno): legumbres, cereales, pescado, leche, hortalizas, fruta, carne, café, tubérculos, cacao, aceite de oliva… Entrarían también los llamados “buenos procesados”, que son alimentos naturales con un procesamiento que no perjudica su calidad ni sus propiedades saludables (conservas, congelados, platos cocinados envasados al vacío…). Alimentos beneficiosos para salud, nada o mínimamente procesados y que aportan los nutrientes que necesita nuestro organismo. Y además están realmente deliciosos y no te hacen sufrir, como otras dietas.


Lo dicho, hay que comer de todo, siempre que sea bueno, natural. Real. Hamburguesas, ensaladas, queso, hortalizas, helados, nachos, brownies… Es lo que vas a disfrutar en Wallmok. Variedad y naturalidad. Sin chorradas añadidas.


Y, ya que estamos, recordarte que lo importante, también, es que toda esta comida real provenga de los productores locales, que es otra de las reivindicaciones de Wallmok. Ir más al mercado y menos al hipermercado. Hacer la compra eligiendo los alimentos en origen, no en bandeja. Por muy fácil que nos lo pongan. Además de comer mejor, mucho más “healthy”, estaremos ayudando a una buena causa.