Si piensas que todos los huevos son iguales, saben igual y son igual de sanos, es que no conoces los huevos de Cobardes y Gallinas. Huevos honestos, de verdad. Naturales y frescos, procedentes de gallinas de razas autóctonas puras, criadas en verdadera libertad, sin estrés, respetando sus ciclos naturales y comiendo de lo que da el campo y la huerta. Por eso son unos huevos tan sabrosos, tan sanos, con una textura tan especial; los mejores huevos que hayas probado nunca.

Y es que a José Luis Ulzurrun, Curro, siempre le han gustado los huevos de verdad, con sabor, color y textura como los de antes. Y para asegurarse de tenerlos frescos en todo momento, siempre ha estado rodeado de gallinas. Las tenía en su casa, en Torrelodones (Madrid), y también en su estudio (es escultor de profesión). Para consumo propio, sin más pretensiones. Pero poco a poco, la fama de esos huevos se fue extendiendo por su círculo de amigos y familiares; y un día llegó a oídos de un restaurante, que le pidió una partida de huevos recién puestos. Curro, encantado, claro. Y ahí empezó el lío.

Decidió dedicarse más en serio al asunto, y pensó en qué podía hacer que no hiciera nadie más. Había que diferenciarse. Huevos de mucha calidad, eso seguro; pero añadió un plus: solo gallinas autóctonas, que no necesitan adaptarse al hábitat, que se sienten como en casa; y, por supuesto, criadas en plena libertad en su finca Viña Grande, en Paredes de Escalona, a los pies de los Montes de Toledo.


Así que empezó a criar hasta 16 razas de gallinas, casi todas autóctonas españolas, y alguna incluso en peligro de extinción. Más de 700 gallinas felices (su objetivo es llegar a 2.500), todas razas puras. No son híbridas superponedoras. Las gallinas de Curro ponen una media de 150 huevos al año, la mitad que las ponedoras híbridas. Si una gallina pone huevos todos los días del año es que está forzada, cebada, nos dice Curro: se alimentan sólo de pienso, diseñado para que pongan todos los huevos posibles; y todos con el mismo sabor (o no-sabor). También fuerzan sus ciclos vitales, como la muda de plumas o el ciclo de sueño; y viven apiñadas, sin espacio para moverse y con un calor insoportable.


Las gallinas de Curro, por el contrario, no ponen huevos todo el año. Solo cuando toca. Son huevos de temporada, como los tomates. Hay épocas en las que ponen menos huevos, simplemente porque no toca. Por ejemplo, cuando mudan las plumas. El sabor y la textura también cambian, porque según la época del año beben más o menos agua, o tienen frío, o toman unos alimentos u otros. Esto es lo más importante, lo que comen. Las de Curro, un pienso de muy alta calidad y todo lo que da la finca, desde pasto, higos y bellotas (cuando hay, en otoño), hasta cereales de grano entero (maíz, trigo, cebada) o pimientos (es lo que da ese color natural a la yema); y cuando se acaban los pimientos, pimentón de La Vera. De lujo, vamos. También las hojas sobrantes de repollos y coliflores procedentes de las huertas. El verde es muy importante para el sabor del huevo, porque cambia con la temporada.


En definitiva, una alimentación natural, variada y saludable. Además, Curro respeta completamente el ciclo de sueño y la muda de pluma de sus gallinas, y les da todo el espacio que necesitan y más. Puro campo. Por eso sus gallinas son tan felices, y además viven más tiempo (Curro las mantiene al menos tres años, cuando lo habitual es sacrificarlas al cumplir el primer año, después de exprimirlas). El resultado de esta cría natural y honesta son unos huevos con matices realmente singulares, con un sabor, una textura, un tamaño y un color que los hace únicos. Y que cuentan con un club de fans cada vez más importante (entre otros, Pedro Larumbe o Samantha Vallejo Nájera).


Y es que nadie produce unos huevos así. Demasiada dedicación para tan poco margen, reconoce Curro, entre las razas poco ponedoras y el trabajo artesanal. Pero aquí no manda el negocio, manda la pasión, la vocación, el gusto por las cosas bien hechas, como se han hecho siempre. Por eso el resultado es tan excepcional. Y por eso nos gustan tanto en WallMok. ¿Y a ti?