Reconozcámoslo, somos carne de tendencia (y perdón por lo de carne). Nos dejamos llevar por las modas que nos señalan los celebrities, por las honestas recomendaciones de nuestros influencers de referencia o simplemente por lo que los gurús de cada cosa nos venden en las revistas trendy que se apilan en nuestro ipad (lo del papel ya no es tendencia). Y lo mismo pasa con las series que hay que ver, la ropa que hay que vestir, las dietas que hay que sufrir o el gadget que hay que poseer sí o sí. Y así, sucede que hoy los verdaderos frikies son precisamente los que no pretenden ser frikies de nada, los que quieren llevar una vida normal, sin ataduras, sin postureos, sin must have, ni must be, ni must eat ni must lo que sea. Sin chorradas, para entendernos.

Pero hay excepciones que merecen la pena. En WallMok, que somos poco de adherirnos a modas efímeras, y nada de nada a postureos, nos adherimos sin fisuras a la última tendencia que nos ha llegado directamente de la fábrica mundial de tendencias: Nueva York. Después de descubrirnos los superalimentos que la cultura oriental lleva siglos disfrutando, después de intentar convencernos de que un zumo de espinacas, zanahoria y jengibre alimenta lo mismo que la variada dieta mediterránea, o de que si vas por la calle bebiendo té verde eres lo más de lo más y encima adelgazas… ahora resulta que el último boom entre las celebs al otro lado del atlántico es el caldo de la abuela. Tal cual. Parece ser que han descubierto el poder terapéutico de un puchero burbujeante, de los huesos de pollo, las verduras y especias y el transcurrir del tiempo, que es la clave de todo lo que hacen las abuelas. Eso y el amor a la cocina (y a los comensales).

La tendencia ya tiene incluso literatura (El renacer del caldo, de Sally Fallon Morell ; o El secreto del caldo de huesos curativo, de Louise Hay y Heather Dane, por ejemplo) y bares especializados en templos tan influyentes como Nueva York, Londres o Sidney; y no son pocos los gurús de la nutrición que hablan maravillas de los saludables beneficios del caldito de toda la vida: ayuda a combatir las alergias, acelera la recuperación del organismo, tiene propiedades antiinflamatorias, aporta energía y es una fuente de colágeno natural. Además, como todos sabemos, de ser el mejor remedio contra la gripe, el frío, el cansancio y demás achaques de la vida diaria. O ser capaz incluso de «resucitar a un muerto».

Es curioso que ahora, para comer la comida de casa de toda la vida, tengas que acudir a un establecimiento hispster. Pero, como se recoge en el libro “La cocina de la salud” de Ferrán Adriá, el doctor Valentín Fuster y el periodista Josep Corbella, hoy «la cocina tradicional sobrevive en restaurantes». Restaurantes donde comer es regresar al pasado, a una época en la que se cocinaba sólo con fuego y aún no se había inventado el plástico; restaurantes que preservan la cocina popular de cada región, el tipo de cocina que se hacía antiguamente en las casas. Cocina rápida, como los tiempos, pero elaborada con ingredientes naturales y recetas caseras.

En fin, sea descubrimiento, moda o resurrección lo del caldo de la abuela, bien por la iniciativa. Ojalá sea una tendencia de largo recorrido y amplia variedad y empecemos a recuperar las cosas buenas de antes, las que siempre han funcionado, las que se han hecho toda la vida con cariño, con sabiduría y con ingredientes naturales, de huerto y campo. Sin más. Lo que viene siendo cocina de verdad, sin chorradas añadidas.

Desde luego, en WallMok nos declaramos frikies de este tipo de cocina. Para nosotros, esta tendencia sí que es un must.