La Chulapona es patata de Madrid, y a mucha honra. Tan de Madrid como la otra Chulapona, la famosa zarzuela de Moreno Torroba que triunfó a mediados de los años 30 en la capital. Y tan chula como su protagonista, Manuela. Y no lo decimos por decir, porque estas patatas tienen mucho de lo que presumir: por ejemplo, es una marca de patata creada por Juan Carlos, que es una de las personas que más sabe de patatas a este lado del río Tajo, un experto que lleva toda la vida viviendo de la patata y lo sabe todo sobre cultivo, variedades, temporalidad, sabor, preparación, trazabilidad…

La primera patata «M Producto Certificado»

La Chulapona es una de las marcas insignia de Frusangar, una empresa de tradición familiar que lleva más de 30 años buscando –y encontrando- las mejores patatas posibles para que tú y yo disfrutemos de las mejores patatas posibles. Cuidando cada detalle de su desarrollo desde la preparación de la tierra y la siembra hasta que llega a tu cocina, pasando por la supervisión del cultivo y el envasado (la bolsa de papel es biodegradable, fabricada con materiales reciclados y 0% contaminante; y conserva mejor las patatas al protegerlas de la luz). Siempre utilizando métodos tradicionales, sencillos y sostenibles.

La línea de calidad no se rompe en ningún momento del proceso. Un minucioso seguimiento interno garantiza la trazabilidad total de cada patata, cuidando también la estacionalidad de cada variedad. De hecho, La Chulapona es la primera patata cultivada y envasada en la Comunidad de Madrid con el sello M Producto Certificado, lo que significa que pasa por los más estrictos controles de seguridad y es garantía de su origen, su trazabilidad y su valor gastronómico.


Por principio, todos los proveedores de La Chulapona deben cumplir unos requisitos básicos, entre ellos usar métodos de producción controlados y sostenibles, minimizar el impacto medioambiental, uso eficiente de los recursos naturales y productos de calidad.



Orgullosas de su origen madrileño


Estas chulaponas madrileñas tienen su origen en la Villa Real de Navalcarnero y en la comarca de las Vegas, en Aranjuez, dos zonas reconocidas por sus tierras fértiles y su marcada tradición agrícola (son famosos sus melones, sus fresas, su vino, su aceite… y patatas).

Pero La Chulapona, además de su gran calidad culinaria, ha nacido para ayudar a impulsar la agricultura regional sostenible. Un apoyo incondicional al agricultor. Se trata de potenciar sinergias entre los agricultores de estas zonas y los consumidores de la región. La idea fue crear una marca local, próxima y con personalidad, que los madrileños sientan como propia. Y estén orgullosos de ella. Y es que la Comunidad de Madrid es una tierra rica en materias primas de alta calidad, y también en innovación agro-alimentaria, aunque haya sido poco explotada nivel de imagen.

Por eso, desde La Chulapona y desde Wallmok, queremos apostar por las patatas de Madrid como seña de identidad. ¡Madrileñas y a mucha honra!

Un alimento versátil, sabroso y saludable como pocos

No nos vamos a poner aquí a contar la infinidad de recetas y formas de cocinar este tubérculo. Cualquiera de ellas es deliciosa. Además de sana, por mucho que algunos la pongan en entredicho: es fuente de vitaminas y proteína de alta calidad, tiene gran cantidad de minerales y fenoles, no tiene grasa y muy pocas calorías. Y está rica, rica.

Pero, como todo en la vida, hay que saber elegirlas, prepararlas e incluso guardarlas, para que sus propiedades y su sabor se conserven perfectamente. Por eso, en Wallmok no se nos ocurre congelarlas (eso es un crimen), nos llegan desde La Chulapona en el día y las cortamos y freímos al momento. Cuando tú las pides. Las freímos con el mejor aceite y a una temperatura inferior a 170º, para que lleguen deliciosas, en su punto y saludables a tu plato de chupachips o hamburguesa. Y dejamos la piel porque contiene gran parte de los nutrientes, como la fruta.

Por supuesto, son siempre patatas nuevas y seleccionamos las más apropiadas según la época del año, de temporada, para que te sepan a patata. De Madrí. Más chulas que un ocho.